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Atención social y neurorrehabilitación: acompañar a la persona y a su familia

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Atención social y neurorrehabilitación: acompañar a la persona y a su familia

Cuando aparece un daño neurológico, ya sea debido a un ictus, un traumatismo craneoencefálico, una enfermedad neurodegenerativa u otras condiciones neurológicas, la vida de la persona afectada y de su familia cambia de forma repentina. Junto a las dificultades físicas, cognitivas o emocionales, surgen también numerosas necesidades sociales, familiares e incluso administrativas que requieren orientación y acompañamiento profesional.

En este contexto, el área de trabajo social dentro de Neurorehabilita cumple un papel fundamental. Desde una perspectiva social, el objetivo no es únicamente atender a la persona con daño neurológico, sino acompañar también a su entorno familiar, facilitando recursos, apoyos y estrategias que permitan afrontar esta nueva etapa con mayor seguridad y, en especial, con mayor calidad de vida.

El acompañamiento tras el diagnóstico.

Tras recibir el diagnóstico, aparece la incertidumbre, el miedo y la desorientación, las familias se enfrentan a muchas preguntas: qué va a pasar a partir de ahora, qué recursos existen, cómo reorganizar la vida familiar o qué apoyos van a necesitar y cómo los pueden solicitar, aquí es donde el papel del trabajador social se vuelve una pieza clave para el proceso de adaptación a la nueva vida que se le presenta a la persona afectada y a su familia. 

Desde el trabajo social se ofrece un primer espacio de escucha y orientación. Este acompañamiento inicial permite valorar la situación social y familiar, identificar necesidades y comenzar a diseñar un plan de apoyo que complemente al trabajo de la rehabilitación. No se trata únicamente de informar, sino de acompañar emocionalmente a las familias en la adaptación de la nueva realidad que están viviendo.

Seguimiento social y acompañamiento continuado.

A lo largo del proceso de rehabilitación, el trabajador social realiza un seguimiento continuado de cada caso, de una forma individualizada, atendiendo a que cada situación es diferente y particular. Este seguimiento permite adaptar la intervención a los cambios que se van produciendo en la evolución de la persona, en su situación familiar y en sus necesidades de apoyo.

A menudo, el impacto que produce el daño neurológico repercute directamente en la reorganización familiar, supone un proceso de adaptación a la nueva realidad, lo que implica redefinir roles dentro de la familia, buscar nuevas formas de participación en el entorno basándose en la inclusión de la persona y en su accesibilidad, en este sentido el acompañamiento social que realiza el trabajador social facilita que estas adaptaciones se produzcan de manera más progresiva y con mayor apoyo.

Orientación sobre recursos y tramitación de ayudas.

Otro de los pilares del trabajo social dentro de nuestra entidad y del proceso de rehabilitación es la orientación y gestión de recursos sociales. Como ya hemos señalado anteriormente, la aparición de un daño neurológico genera importantes cambios tanto en la vida de la persona afectada como en su entorno familiar. Estos cambios suelen tener también un impacto directo en la situación económica del hogar.

En muchos casos, la persona puede ver limitada o incluso interrumpida su actividad laboral debido a las secuelas del daño neurológico, lo que supone una reducción o pérdida de ingresos. Al mismo tiempo, aparecen nuevas necesidades económicas relacionadas con los tratamientos, terapias y procesos de rehabilitación que son necesarios para favorecer su recuperación y mejorar su calidad de vida.

A esta situación se suman, en ocasiones, nuevas necesidades de apoyo o cuidados dentro del entorno familiar, que pueden implicar reorganizaciones laborales de otros miembros de la familia o la búsqueda de apoyos externos. Por ello, el acceso a prestaciones, ayudas y recursos del sistema social se convierte en un elemento clave para garantizar la continuidad de los cuidados y la estabilidad familiar durante el proceso de rehabilitación.

En este sentido, desde el área de trabajo social de Neurorehabilita se asesora y acompaña en la tramitación de diferentes recursos, como pueden ser:

– Solicitudes de reconocimiento de discapacidad.

– Valoración de la situación de dependencia.

– Acceso a prestaciones económicas o servicios de apoyo.

– Orientación sobre recursos comunitarios y sociosanitarios.

La gestión de estos procedimientos suele ser compleja para las familias, especialmente en un momento de alta carga emocional. Por ello, el acompañamiento del trabajador social permite facilitar los trámites, resolver dudas y evitar que las familias se sientan solas frente a estos trámites administrativos.

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Apoyo y formación a las familias.

El daño neurológico no solo afecta a la persona que lo sufre, sino a todo su entorno. En muchos casos, un familiar asume el rol de cuidador principal, lo que implica importantes cambios en su vida personal, laboral y emocional.

Desde el trabajo social se promueve la formación y el acompañamiento a las familias para favorecer unos cuidados adecuados y sostenibles en el tiempo. Esto incluye orientación sobre organización de los cuidados, acceso a apoyos y estrategias para afrontar las dificultades del día a día.

Un aspecto clave en esta intervención es visibilizar la importancia de cuidar también al cuidador. El bienestar del cuidador principal es fundamental para mantener un entorno de cuidados saludable y prevenir situaciones de sobrecarga o agotamiento. Por ello, se trabaja para fomentar espacios de apoyo, descanso y autocuidado.

Una mirada integral centrada en la persona.

La rehabilitación en el daño neurológico es un proceso complejo que requiere una intervención multidisciplinar, en este equipo, el trabajo social aporta una mirada centrada en la dimensión social de la salud: las relaciones familiares, la participación comunitaria, el acceso a recursos y la calidad de vida de la persona y su entorno.

Desde Neurorehabilita, la atención social busca acompañar a las personas y a sus familias durante todo el proceso, ofreciendo orientación, apoyo y herramientas que les permitan afrontar los cambios que trae consigo el daño neurológico.

Porque rehabilitar no significa únicamente recuperar funciones, sino también reconstruir proyectos de vida, fortalecer redes de apoyo y promover la autonomía y el bienestar de las personas.

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