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Don Vicente Cerrillo: “La Iglesia tiene que volver a trabajar codo con codo con la gente”

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Don Vicente Cerrillo: “La Iglesia tiene que volver a trabajar codo con codo con la gente”

Hablar con Don Vicente es hacerlo con una parte viva de la memoria de Talavera de la Reina y de la Sierra de San Vicente. Sacerdote diocesano, investigador, escritor, divulgador cultural y una de las figuras más activas en la conservación del patrimonio histórico y etnográfico de la comarca y, por ello, académico y premio especial de la Real Academia de Bellas Artes de Toledo. Cerrillo acumula más de seis décadas de trabajo pastoral y cultural.

Nacido en Castillo de Bayuela en 1937, ordenado sacerdote en 1963 y vinculado durante más de treinta años a las parroquias de San Andrés y de Santos Mártires, su trayectoria va mucho más allá del ámbito religioso. Ha impulsado asociaciones culturales, cooperativas, talleres de empleo, proyectos sociales, escuelas de alfabetización y numerosas iniciativas relacionadas con la cultura popular, el patrimonio y el mundo obrero.

Además, es autor de más de treinta publicaciones, entre ellas la Guía del Museo Ruiz de Luna, la Guía de la Colegiata, la Guía de San Andrés o la reciente Guía de la Basílica del Prado, y al día de hoy continúa trabajando a sus años en nuevos proyectos. En esta entrevista hemos reflexionado con él sobre la Iglesia, la sociedad actual, la situación de Talavera, el valor de la cultura y la necesidad de recuperar el compromiso colectivo. ¿Nos acompañas?

Si tuviera que presentarse, ¿cómo lo haría?

Diría que soy un “curilla” muy inquieto que ha intentado ser fiel toda la vida a dos pueblos: a su pueblo natal y al `pueblo de Dios (o Iglesia). Cuando tenía apenas uno o dos días, mi padre me inscribió en el registro civil de mi pueblo, Castillo de Bayuela, y poco después, en plena Guerra Civil, me bautizaron. Desde entonces pertenezco, por un lado, al pueblo civil, primero al mío, Castillo de Bayuela, luego, como vecino, a los a los diversos pueblos donde ejercí mi ministerio (Mora, Sonseca, Pueblanueva y Talavera) y, segundo, al pueblo de Dios o Iglesia.

He tratado de ser miembro activo en ambos pueblos, lo que me ha llevado a implicarme mucho en la Iglesia, en la catequesis, en la liturgia y en muchas iniciativas pastorales donde quizá he sido bastante rompedor en algunas etapas. Pero también me ha llevado a comprometerme como miembro activo en el otro pueblo o sociedad civil allí donde he estado (en la familia, la economía-trabajo, la cultura…). Siempre he entendido que un sacerdote no puede vivir aislado de la realidad de la gente.

Después de toda una vida dedicada al sacerdocio, al estudio y a la investigación, ¿qué le sigue ilusionando hoy?

Sigo escribiendo. Dejo una tarea y ya tengo otras dos esperando. Eso sí, ahora intento coger solo una para poder disfrutarla.Tengo actualmente dos trabajos prácticamente terminados. Uno de ellos es una guía turística de la Basílica y otra guía dedicada a Castillo de Bayuela. Los dos esperan su turno para publicarse pronto en papel. La verdad es que nunca me faltan proyectos. Desde que estoy jubilado sí he aprendido a no estresarme.

Pero además hay otro proyecto que nace de algo muy personal, hace tiempo que empecé a reflexionar sobre las dudas, los problemas y las razones que llevan hoy a muchos jóvenes, algunos muy cercanos a mí, a apartarse de la fe. He escrito sobre ello una reflexión personal, pero tengo el presentimiento de que no voy a llegar a ellos con ese lenguaje; por eso, estoy transformando toda esa reflexión en material con otros lenguajes: pequeños videos en Power Point… ¿Te imaginas a un viejecillo de 88 años usando la inteligencia artificial? A mi edad me cuesta, claro, pero me sigue ilusionando muchísimo.

Precisamente hablando de ese alejamiento, ¿qué opinión tiene sobre la pérdida de influencia de la Iglesia en la sociedad actual?

Creo sinceramente que dentro de la Iglesia también tenemos parte de culpa. A veces no hemos sabido presentar el Evangelio con la frescura y la cercanía que tenía originalmente el mensaje de Jesucristo, ahí tenemos que hacer autocrítica.

Pero también vivimos en una sociedad que empuja en otra dirección. Muchas veces preguntas a la gente por qué se ha alejado y no encuentran razones profundas. Simplemente se han dejado llevar por el ambiente.

Su trayectoria cultural y editorial es enorme. ¿Cuándo sintió que esa vocación investigadora era tan importante para usted como la pastoral?

La verdad es que nunca me planteé una cosa separada de la otra. Varios de los libros que he hecho surgieron simplemente porque veía una necesidad.

Por ejemplo, la guía del Museo Ruiz de Luna nació de una situación muy curiosa. Quería hacer un regalo a un amigo al que le gustaba mucho la cerámica y pensé en comprar una guía del museo. Fui allí y me dijeron que no existía ninguna. Aquello me sorprendió muchísimo, ¿cómo es posible que no exista una guía para nuestro museo?; entonces busqué en mi archivo y al ver que tenía más de mil fotos del museo, decidí hacerla yo; esto mismo ha pasado con el  “Diccionario para poetas”, lo hice para escribir mis poesías en rima consonante que es la que más me gusta, pero llegó a ser un librote con cerca de 200.000 palabras ordenadas por terminaciones, por partes de la oración y por número de sílabas. No debió quedar mal del todo porque en la Real Academia de la Lengua lo han valorado como «valioso diccionario que, sin duda, será de gran interés para filólogos y escritores» (Darío Villanueva). Lo he ofrecido en PDF a quien me lo ha pedido.

Después de más de tres décadas viviendo en Talavera, ¿cómo cree que ha cambiado la ciudad?

Creo que Talavera atraviesa un momento complicado. Desde el punto de vista religioso nos hemos ido alejando de la fe, y además la Iglesia, en mi opinión, tampoco está respondiendo suficientemente a los problemas reales de la sociedad.

Pero también veo una ciudad triste desde el punto de vista económico y laboral. Da mucha pena pasear por determinadas calles y ver tantos comercios cerrados. Cuando yo era niño, Talavera era el gran centro comercial de toda esta comarca. Eso se ha ido perdiendo porque nuestros pueblos se están vaciando.

Creo que se ha debilitado muchísimo la agricultura, la industria y el mismo comercio. Hay menos oportunidades laborales y eso termina afectando a todo: a la juventud, a las familias y al ánimo general de la ciudad.

Durante años usted impulsó proyectos sociales muy vinculados precisamente al empleo.

Sí, y fue una de las experiencias más bonitas de mi vida pastoral. En la parroquia de San Andrés analizamos el barrio y detectamos como uno de los problemas gordos que muchas mujeres jóvenes no encontraban trabajo en los talleres porque no sabían manejar máquinas industriales. Entonces organizamos uno cursos con muy pocos medios, apenas 15 máquinas viejas y una profesora voluntaria que había sido maestra de taller. Enseñábamos a las chicas a manejar las máquinas para que pudieran presentarse preparadas en las fábricas. Así varios años y varios cursos en cada año.

Y funcionó, tenemos constancia de que más de 200 chicas encontraron trabajo gracias a aquello.

De otro curso surgió una cooperativa de trabajo, que estuvo funcionando algún tiempo. Estoy muy orgulloso de estos proyectos porque respondían a una necesidad concreta del barrio y ayudaron realmente a muchas familias.

¿Cree que Talavera valora suficientemente su patrimonio histórico y cultural?

Ahora más que antes, creo que en los últimos años hay personas y colectivos que están haciendo un trabajo magnífico para recuperar el patrimonio y la memoria de Talavera. Se están publicando libros, investigaciones y estudios muy importantes. Me encantan los paneles cerámicos al aire libre. Me gustaría que en todas las casas hubiera varios objetos de buena cerámica (¿pequeños museos en cada casa que se exhibieran con orgullo a los forasteros?). Así ayudaríamos a nuestros ceramistas en épocas de crisis. Y esto no lo percibo. ¡Y qué magníficos ceramistas tenemos en la actualidad!

Pero cuando uno recorre la historia de la ciudad también siente mucha tristeza por todo lo que se perdió. Iglesias, puertas históricas, edificios, elementos artísticos… Hubo un tiempo, sobre todo a finales del siglo XIX, en que se confundió lo antiguo con lo anticuado y se destruyeron auténticas joyas. Actualmente hay una recuperación importante de la conciencia patrimonial y eso es una gran noticia. Yo he aportado mi granito de arena recuperando las pinturas en san Andrés en todas las paredes y creando allí un museo parroquial, con una docena de paneles de cerámica de la buena-buena. ¡Ojalá que se conserve!

En los últimos meses hemos celebrado Las Mondas y las ferias de San Isidro. ¿Piensa que hoy en estas fechas pesa más el ocio que la tradición?

Creo que no, que en Talavera las Mondas están viviendo un momento muy positivo porque no solo se ha recuperado la fiesta, sino también gran parte de su contenido cultural y popular. No es solo un desfile; alrededor se han generado publicaciones, investigaciones y actividades culturales muy interesantes. Además, las Mondas ayudan mucho a hacer comarca, participan muchísimos pueblos (en la comarca de mi pueblo natal, 18 de los 20) y eso fortalece el sentimiento común y los lazos con Talavera.

En San Isidro me gustaría ver menos sevillanas y más talaveranas, que no estamos en Andalucía. Perdón por mi gusto.

¿Qué es lo que más le preocupa de la sociedad actual?

Me preocupa muchísimo el paro y la falta de trabajo digno. Siempre he estado muy vinculado al mundo obrero y soy muy sensible a eso. En alguna temporada hemos sido de los lugares con más paro en España. Todavía en el mes pasado de abril  7.240 parados. Y no solo importa tener empleo, sino que ese empleo sea verdaderamente humano, «decente» y permita vivir con dignidad.

También me preocupa la sensación de apatía que veo en Talavera, como si la ciudad estuviera adormecida. Creo que hace falta un despertar colectivo. Hacen falta emprendedores. Y hacen falta ayudas oficiales: que a Talavera se la trate igual que a Toledo, que ¡ya está bien de diferencia!

Y me preocupa muchísimo la situación de la familia. Durante años, en mi parroquia ayudamos con una asociación de 15-20 profesionales y varios voluntarios a matrimonios en crisis y llegamos a atender unos 300 casos. Hoy muchas veces se se llega al matrimonio con muy poca preparación y a los conflictos con muy poco aguante. Yo creo que el noviazgo debería ser un verdadero tiempo de preparación para el matrimonio para ver si el futuro proyecto va a ser posible o hay que dejarlo a tiempo. Y llegar al matrimonio habiendo solucionado antes muchos conflictos que si no, se van a plantear y resolver tarde y mal. Cuando surgen problemas, en lugar de recurrir inmediatamente a la ruptura, haría falta más diálogo y menos discusiones, buscar la ayuda de profesionales (psicólogos, etc). Porque las separaciones dejan heridas muy profundas, especialmente cuando hay hijos.

Antes hablaba de la necesidad de autocrítica dentro de la Iglesia. ¿Qué papel debería desempeñar hoy la Iglesia en la vida pública?

La Iglesia tiene que volver al proyecto de Jesús: «dar una buena noticia a los pobres, libertad a los cautivos y oprimidos, vista a los ciegos…» o sea, preocuparse del sufrimiento de la gente y de que las personas sean felices. Los cristianos deberíamos ser motores de cambio y trabajar codo con codo con la gente. Yo nunca me he encerrado en la sacristía ni he escondido mi condición de sacerdote. He trabajado junto a personas a veces  de ideologías muy distintas y siempre hemos podido colaborar porque compartíamos problemas reales. Cuando la gente te ve trabajando desinteresadamente por la solución de sus problemas, junto a ellos, metido en su misma trinchera, desaparecen muchos prejuicios y se crea cercanía.

En muchos pueblos pequeños el cura es el único profesional con estudios que vive en el pueblo. Y sigue teniendo una autoridad moral importante. Si descubrieran que, además de ser sacerdotes de la Iglesia, son miembros de un pueblo civil y que han de ser miembros activos… Con eso podrían hacerse muchísimas cosas: plantearse los problemas reales de los pueblos (la despoblación, la falta de puestos de trabajo, el bajo nivel cultural, la sanidad, la vivienda, los servicios…), e impulsar actividades que sean respuesta a estos problemas. Pero para eso hay que implicarse de verdad en la vida de la gente.

Después de tantos años de entrega y trabajo, ¿qué legado le gustaría dejar?

Me gustaría que me recordaran simplemente como una buena persona que pasó por la vida haciendo el bien. Con eso me conformo.Y también me gustaría que se recuperara la figura de Jesucristo, porque cuando uno le conoce de verdad descubre a alguien maravilloso; yo sigo encantado de ser discípulo suyo. En él está la explicación de mi vida.

Me gustaría también que se valorara más el enorme trabajo social que realiza la Iglesia acompañando a personas desde que nacen hasta que mueren. En Talavera, ¡qué bonita la labor de Cáritas, la de Madre de la Esperanza, la de otros varios grupos eclesiales!

¿En qué proyectos trabaja actualmente?

Tengo dos publicaciones prácticamente terminadas y otras empezadas. Además, estoy ordenando un archivo enorme con cientos de fotografías, documentos y materiales históricos de Talavera y dejarlo como legado igual que he hecho en otros pueblos donde he estado. Quiero dejar todo eso organizado como legado para el futuro. Me gustaría terminar de organizar la biblioteca que he creado en la casa de la Iglesia, donde vivo, con más de 7.000 libros en la actualidad.

Continúo también al frente de la revista Aguasal, que ya va camino del número 90. Cada edición me lleva aproximadamente un mes entero de trabajo, pero mientras pueda seguiré adelante, y abierto a las novedades (no es fácil encontrar a una persona de mi edad utilizado la inteligencia artificial para elaborar la revista).

¿Qué mensaje lanzaría hoy a los jóvenes?

Les diría que merece la pena implicarse, estar presentes y activos en la sociedad. Creo sinceramente que así serían más felices. Entiendo perfectamente las dificultades que tienen hoy: el paro, la vivienda, la precariedad, la dificultad para independizarse… Todo eso genera frustración y desánimo. Pero precisamente por eso hacen más falta unos cambios: cambiar personalmente y cambiar la sociedad, necesitamos una sociedad nueva. ¡Y hay que crearla!

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