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Ébora Extinción: “La protección contra incendios solo se valora cuando ocurre un incidente, y entonces ya es tarde”

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Ébora Extinción: “La protección contra incendios solo se valora cuando ocurre un incidente, y entonces ya es tarde”

Desde 2014, Ébora Extinción trabaja en la instalación y mantenimiento de sistemas de protección contra incendios para empresas, comunidades de propietarios e industrias. Hemos hablado con Óscar Sánchez-Palomo García, uno de sus gerentes, sobre la evolución del sector, los cambios normativos, los errores más habituales en materia de prevención y la importancia de una cultura de seguridad que vaya mucho más allá del mero cumplimiento legal.

Para quienes aún no conocen Ébora Extinción, ¿cómo definirías la empresa y cuál es su principal actividad?

Somos una empresa especializada en instalaciones y mantenimiento de sistemas de protección contra incendios. Llevamos desarrollando nuestra actividad desde 2014, con sede en Pepino y trabajamos principalmente con empresas, comunidades de propietarios e industrias. También colaboramos con constructoras en la instalación de sistemas contra incendios en nuevas edificaciones.

Lo que siempre intentamos transmitir es que todos los clientes son igual de importantes para nosotros. Da igual que sea una pequeña empresa, una gran industria o una comunidad de vecinos. Todos reciben el mismo trato y el mismo nivel de compromiso.

¿Qué perfil de clientes suele confiar en ustedes?

Aproximadamente el 99 % de nuestros clientes son empresas y comunidades de propietarios. También trabajamos con autónomos y pequeños negocios, aunque los particulares representan una parte muy pequeña de nuestra actividad.

Nuestro ámbito de actuación se extiende principalmente por Toledo, Talavera de la Reina y toda su comarca, además de Ávila, Madrid y Cuenca.

Muchas veces la prevención pasa desapercibida hasta que ocurre un incendio. ¿Sigue siendo así?

Totalmente. La mayoría de la gente considera la protección contra incendios como una obligación administrativa, un gasto impuesto por la normativa. No se es realmente consciente de su importancia hasta que ocurre un incidente.

Es una situación muy habitual. Cuando no ha pasado nada parece que todas las medidas sobran, pero cuando sucede un incendio todo el mundo entiende por qué existían esas exigencias.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son los errores más frecuentes que detectan?

Uno de los problemas más comunes aparece en edificios antiguos. En muchos casos fueron construidos con instalaciones eléctricas preparadas para una demanda muy inferior a la actual. Hoy conectamos múltiples aparatos mediante regletas, alargadores o enchufes múltiples que terminan sobrecargando la instalación y provocando sobrecalentamientos.

A eso se suma la utilización de productos eléctricos de baja calidad que no siempre ofrecen las garantías de seguridad necesarias. Muchas veces intentamos ahorrar unos euros comprando el material más barato y ese ahorro puede salir muy caro. También encontramos edificios donde no existen determinadas medidas de protección porque la normativa vigente en el momento de su construcción no las exigía.

Algunas recomendaciones que se pueden aplicar de forma rápida son instalar en las cocinas detectores autónomos de humo en las viviendas o instalar extintores en los rellanos y casa particulares.

¿La legislación obliga a adaptar esos edificios antiguos a la normativa actual?

No necesariamente. En general, cada edificio debe cumplir la normativa vigente cuando fue construido, por lo que muchas de las nuevas obligaciones no tienen carácter retroactivo.

Eso no significa que no sea recomendable actualizar las instalaciones. De hecho, cada vez más comunidades lo hacen por iniciativa propia o porque las compañías aseguradoras empiezan a exigir determinadas medidas de protección para mantener la cobertura o reducir el coste de la póliza. Al final, cuando la seguridad también repercute en el bolsillo, la concienciación suele aumentar.

La normativa ha cambiado mucho durante los últimos años. ¿Cómo está evolucionando el sector?

La normativa es cada vez más exigente. La última actualización ha reforzado la obligación de cumplir determinados requisitos que antes, en la práctica, se interpretaban con algo más de flexibilidad. Un ejemplo muy claro son los detectores de incendios, siempre se ha dicho que debían sustituirse cada diez años, porque así lo establece el fabricante. Lo que ocurría es que muchas empresas de mantenimiento éramos más flexibles y, si el detector seguía funcionando correctamente, se mantenía en servicio. Ahora ya no. Tenemos que ser estrictos con la norma.

Eso significa que, cuando un detector supera su vida útil, la empresa de mantenimiento está obligada a comunicar al cliente que debe sustituirse. Nuestra responsabilidad es dejar constancia de que ese detector está caducado y que, según las especificaciones del fabricante, debe cambiarse. Después será el cliente quien decida si lo hace o no, pero nosotros tenemos la obligación de informar y reflejarlo.

Sin embargo, no siempre es fácil que nos clientes comprendan la importancia de cumplir la normativa. La realidad es que hay clientes que no lo tenían previsto económicamente y lo ven como un gasto innecesario. Pero cuando eres el responsable de lo que firmas, como es nuestro caso, no puedes mirar hacia otro lado.

Además de los detectores, la normativa también incorpora nuevas exigencias para otros sistemas. Es el caso de las columnas secas, unas instalaciones presentes en edificios de gran altura que permiten a los bomberos conectar sus equipos durante una intervención. Hasta ahora se realizaba una revisión anual para comprobar que todo funcionaba correctamente, pero ahora también se exige un retimbrado, igual que ocurre con los extintores o las mangueras. Este procedimiento consiste en realizar una prueba hidráulica de presión durante varias horas para verificar que toda la instalación mantiene su estanqueidad y no presenta fugas. Se trata de una operación compleja, que requiere al menos dos técnicos durante buena parte del día y supone un coste importante para las comunidades de propietarios.

Por eso, muchas no lo tienen contemplado en sus presupuestos y por eso este año estamos informando a nuestros clientes para que puedan planificarlo. De momento seguimos realizando la revisión habitual, pero a partir del próximo año ese retimbrado será obligatorio y habrá que hacerlo sí o sí.

Esa evolución también os obliga a manteneros en constante formación.

Exactamente. Tenemos que estar permanentemente actualizados porque la normativa cambia y nosotros somos responsables de aplicar correctamente esos cambios. Además, la Administración nos exige ser mucho más rigurosos. Hay actuaciones que antes podían pasar más desapercibidas y ahora debemos exigirlas obligatoriamente.

A veces cuesta explicárselo al cliente. Por ejemplo, ahora también deben revisarse las señales de emergencia, realizar revisiones trimestrales en determinados casos o comprobar elementos que antes apenas se tenían en cuenta. Todo eso supone tiempo de trabajo y un coste, aunque muchas personas no lleguen a entenderlo.

Esa responsabilidad también recae sobre quien firma los certificados.

Exactamente. Mucha gente piensa que simplemente hacemos una revisión y firmamos un papel, pero detrás existe una enorme responsabilidad. Si ocurre un accidente, quien responde es el técnico que ha certificado que la instalación estaba en condiciones. Por eso no se trata únicamente de revisar un extintor; estamos certificando que todo el sistema cumple la normativa y funciona correctamente.

También invertimos mucho en la formación continua de nuestros trabajadores. Aunque una persona llegue sin experiencia, la empresa tiene la obligación de formarla y actualizar sus conocimientos todos los años.

Últimamente se habla mucho de los incendios relacionados con vehículos eléctricos. ¿Está aumentando la demanda de soluciones específicas?

De momento todavía no estamos notando un incremento importante de trabajo por ese motivo, aunque sí es un tema del que hablamos con frecuencia. Los vehículos eléctricos requieren extintores específicos, que no sirven para un incendio convencional y cuyo precio es bastante superior. Mientras un extintor estándar puede rondar los cuarenta euros, uno preparado para este tipo de incendios puede acercarse a los cien.

Todavía existen muchas dudas sobre quién debe asumir esa responsabilidad en una comunidad de propietarios, si la propia comunidad o el propietario del vehículo. Es un aspecto que seguramente irá evolucionando conforme aumente el parque de vehículos eléctricos.

Después de más de una década de trayectoria, ¿qué balance hacéis del camino recorrido y cuáles son los objetivos de futuro?

Somos una empresa pequeña, formada por dos socios y un equipo de trabajadores, y seguimos creciendo paso a paso. Siempre digo que nuestro trabajo es «partido a partido». Hay días mejores y peores, como en cualquier negocio, pero seguimos avanzando con la misma filosofía con la que empezamos.

Nuestro objetivo no es convertirnos en una gran multinacional, sino seguir ofreciendo un servicio cercano, profesional y de confianza a nuestros clientes. Queremos continuar haciendo bien nuestro trabajo, mantener la calidad del servicio y seguir adaptándonos a una normativa que cada vez exige más profesionalidad.

Porque, al final, la protección contra incendios no consiste únicamente en cumplir una obligación legal. Consiste, sobre todo, en proteger personas, empresas y patrimonio antes de que sea demasiado tarde.

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