Lo que comenzó como una inquietudpersonal, casi una idea que llevaba tiempo rondando, hoy es una clínica de fisioterapia donde cada paciente es atendido desde la cercanía y el cuidado. Julio Corral y Raquel Rosingana han construido este proyecto paso a paso, combinando su experiencia profesional con una forma de trabajar muy clara: escuchar, acompañar y tratar a cada persona de manera individual.
Más allá de la técnica, su día a día está marcado por el trato humano, la implicación y ese equilibrio constante entre lo profesional y lo familiar. En esta conversación nos acercamos al origen de su clínica, a los retos de emprender juntos y a una manera de entender la fisioterapia donde la confianza y la empatía forman parte esencial de cada tratamiento.



¿Cómo nace la idea de abrir vuestra propia clínica de fisioterapia?
La idea llevaba tiempo rondándome la cabeza. Yo siempre he estado vinculado al sector público y, aunque es un entorno en el que se aprende mucho, también tiene limitaciones, sobre todo en tiempo y en la posibilidad de aplicar ciertos tratamientos. Durante unas vacaciones, hablando con un amigo, empecé a darle forma más real a esa idea de montar mi propia clínica.
A partir de ahí, todo fue cuestión de insistencia. Yo lo tenía claro, pero necesitaba también el respaldo en casa. Recuerdo que Raquel me dijo algo muy sencillo: “Si realmente quieres hacerlo, hazlo en serio”. Y ese fue el punto de partida.
Emprender en ese momento implicaba también un riesgo importante a nivel personal. ¿Cómo lo vivisteis?
Fue una decisión compleja, sin duda. No estábamos en el mejor momento para emprender: teníamos hijos pequeños, responsabilidades familiares importantes y una estabilidad que, en cierto modo, poníamos en juego.
Mientras Julio seguía trabajando fuera, yo asumí gran parte del desarrollo inicial: buscar el local, adaptarlo a toda la normativa, gestionar proveedores… Fueron meses intensos, con mucha presión, porque además los requisitos legales son muy exigentes. Pero también fue una etapa muy ilusionante, porque veíamos cómo una idea empezaba a tomar forma real.
¿Qué valores han definido vuestro proyecto desde el inicio?
Para mí siempre ha sido fundamental la empatía. Intento trabajar poniéndome en el lugar del paciente. Cuando alguien viene a consulta, no solo trae una lesión, trae una preocupación, una limitación en su vida diaria. Entender eso cambia completamente la manera de trabajar.
Y a nivel de empresa, desde el principio tuvimos claro que queríamos un trato cercano. No queríamos ser un centro más donde el paciente entra, recibe un tratamiento rápido y sale. Queríamos construir relaciones de confianza.
En un sector con tanta competencia, ¿cómo lograsteis posicionaros?
Al principio tuvimos que tomar decisiones estratégicas. No podíamos abarcar todo, así que nos especializamos en el ámbito deportivo. Empezamos a colaborar en carreras, eventos de ciclismo, pruebas populares… Muchas veces de forma desinteresada.
Eso nos permitió darnos a conocer en un entorno muy concreto, pero con mucho potencial. Y, poco a poco, ese boca a boca fue creciendo. Lo interesante es que no solo venían deportistas, sino también sus familiares y conocidos.
¿Diríais que esa estrategia fue clave para vuestro crecimiento?
Sin duda. Pero no solo por la visibilidad, sino por lo que implicaba: salir a la calle, interactuar con la gente, generar confianza. No puedes montar una clínica y esperar a que los pacientes lleguen solos.
Además, ese tipo de colaboraciones también te conecta con valores que luego forman parte de tu marca: esfuerzo, constancia, superación… Todo eso está muy alineado con lo que hacemos.
Más allá de la estrategia, ¿qué os diferencia realmente de otros centros?
Creo que uno de los puntos diferenciales es la trayectoria previa de Julio, especialmente su experiencia con pacientes con lesiones graves. Eso le dio una visión mucho más profunda de la fisioterapia, más allá de las dolencias habituales. Ese tipo de experiencias te obligan a ir más allá, a formarte continuamente, a no quedarte solo con lo aprendido. Y eso, al final, se traduce en una mejor atención al paciente.
¿Qué peso tiene la formación continua en vuestro modelo?
Es fundamental, no puedes quedarte atrás pero también hay que saber filtrar. No todo lo que está de moda es lo mejor. Nosotros apostamos por técnicas que realmente aporten valor al paciente.
¿Cómo definiríais vuestra propuesta de valor a nivel de tratamientos?
Nuestro enfoque es bastante claro: priorizamos el tratamiento manual. Trabajamos mucho con terapia miofascial, osteopatía y acupuntura. La tecnología está ahí y la utilizamos, pero creemos que el contacto directo, el conocimiento del cuerpo y la personalización del tratamiento son claves. No hay dos pacientes iguales.
Hoy en día pasamos muchas horas sentados, frente al ordenador o con el móvil. ¿Qué consejos daríais para prevenir problemas posturales?
Lo principal es incorporar el ejercicio físico a la rutina diaria. No basta con la actividad del día a día o el trabajo; el cuerpo necesita moverse de forma consciente. Es fundamental practicar deporte al menos dos o tres veces por semana, ya sea caminar, nadar o correr, en función de lo que a cada persona le guste.
Además, es importante reducir en la medida de lo posible el tiempo que pasamos en posiciones mantenidas, especialmente con el cuello inclinado hacia adelante, como ocurre con el uso del móvil o el ordenador. Esa tensión continua acaba pasando factura a nivel cervical. En resumen, moverse más y compensar el sedentarismo es clave para prevenir muchas de las molestias que vemos a diario en consulta.
Habéis mencionado varias veces la importancia del componente emocional. ¿Cómo influye en vuestro trabajo?
Influye muchísimo. Hoy en día, gran parte de las dolencias tienen un origen o un componente emocional. El estrés, por ejemplo, se traduce en tensiones musculares, en problemas posturales… Entender esa conexión te permite abordar el problema de forma más completa. No se trata solo de tratar el síntoma, sino de entender qué hay detrás.
Desde el punto de vista empresarial, ¿cuál ha sido vuestro mayor reto?
El reto es diario y consiste sobre todo en mantener el nivel de exigencia y dar siempre lo mejor a cada paciente. Además a eso hay que sumarle la conciliación. Somos una empresa familiar y eso tiene ventajas, pero también implica una gestión constante de imprevistos: hijos, enfermedades, responsabilidades personales… No siempre es fácil.
¿Cómo gestionáis ese equilibrio entre empresa y familia?
Con mucha organización y, sobre todo, con mucha flexibilidad. Cuando uno no puede, el otro asume más. Pero también somos conscientes de nuestros límites. No podemos abarcar más de lo que podemos gestionar bien.
¿De qué os sentís más orgullosos en vuestra trayectoria?
Del reconocimiento de la gente. No tanto a nivel de prestigio, sino de cercanía. Que alguien te recomiende, que vuelva, que te salude por la calle… Eso significa que algo estás haciendo bien.
Y, sobre todo, de los cambios reales en la vida de las personas. Ver a alguien recuperar movilidad, volver a trabajar o simplemente mejorar su calidad de vida es lo más gratificante.
También habéis incorporado un componente social a vuestro proyecto: convertiros en Empresa Solidaria de Fundación Futurart ¿Cómo surge esa inquietud?
Siempre hemos tenido esa sensibilidad. Desde el principio colaborábamos en eventos solidarios, aportábamos nuestro trabajo o recursos. Con el tiempo, y al tener menos disponibilidad, buscamos fórmulas que nos permitieran seguir contribuyendo sin descuidar nuestra vida personal. Ahí es donde encajan iniciativas como Fundación Futurart y animados por un buen amigo, Miguel Angel Ibeas que ya forma parte de estos proyectos desde hace tiempo.
¿Qué aporta ese tipo de colaboración a nivel empresarial?
Mucho más de lo que parece. Te conecta con otras personas, con otros proyectos, con otras formas de entender la empresa. Y te recuerda que tu actividad puede tener un impacto más allá de lo económico.
Mirando al futuro, ¿qué visión tenéis para vuestro negocio?
La idea de crecer siempre está presente, pero no a cualquier precio. En nuestro caso, crecer significaría incorporar más personal, abrir nuevos centros… Y eso puede afectar a la calidad del servicio. Nosotros tenemos claro que no queremos perder la esencia. Preferimos mantenernos como estamos, ofreciendo un servicio cercano y de calidad. No todos los modelos de negocio tienen que basarse en la escalabilidad. En nuestro caso, el valor está en la cercanía con el paciente y en la personalización de todo lo que hacemos.
Para nosotros, el éxito es poder seguir haciendo bien nuestro trabajo, mantener la confianza de nuestros pacientes y tener un equilibrio con nuestra vida personal. Y, si además podemos aportar algo positivo a nuestro entorno, entonces el proyecto tiene aún más sentido.