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Hipermadera: medio siglo de evolución sin renunciar a la cercanía

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Hipermadera: medio siglo de evolución sin renunciar a la cercanía

La empresa talaverana ha sabido adaptarse a los profundos cambios del mercado apostando por la innovación, la especialización y un modelo de negocio basado en el servicio al profesional. Jorge Rodríguez, CEO de Hipermadera, repasa la evolución de una compañía familiar que, más de cincuenta años después de su nacimiento, continúa creciendo con la misma filosofía con la que comenzó su andadura: ofrecer soluciones antes que vender productos.

Durante más de cinco décadas, el mercado de la madera ha vivido transformaciones profundas. Han cambiado los materiales, la forma de construir, los hábitos de consumo, la tecnología y también el perfil del cliente. En ese escenario de constante evolución, pocas empresas pueden afirmar que han conseguido crecer sin perder aquello que las hizo diferentes desde el principio; Hipermadera es una de ellas.

Con más de cincuenta años de trayectoria, la compañía se ha consolidado como uno de los referentes del sector gracias a una estrategia basada en la especialización, la inversión continua y un modelo de negocio en el que el servicio sigue ocupando un lugar mucho más importante que la propia venta. Al frente de esta segunda generación se encuentra Jorge Rodríguez, CEO de la empresa, quien ha vivido en primera persona la transformación de un negocio familiar que ha sabido evolucionar al ritmo del mercado sin dejar atrás los valores que impulsaron su nacimiento.

Lejos de conformarse con el crecimiento alcanzado, Hipermadera ha aprovechado los últimos quince años para modernizar prácticamente todos sus procesos. La empresa ha incorporado nuevos sistemas de gestión, ha profesionalizado diferentes áreas, ha reforzado departamentos que antes no existían dentro de la organización y ha realizado importantes inversiones en maquinaria e instalaciones para ampliar tanto su capacidad productiva como la gama de servicios que ofrece a sus clientes.

Crecer sin competir con los propios clientes

En un mercado donde las grandes superficies han transformado la forma de comprar materiales para la construcción, Hipermadera ha decidido recorrer un camino diferente. Mientras muchos operadores han optado por dirigirse indistintamente tanto al profesional como al consumidor final, la empresa talaverana ha mantenido una estrategia muy clara: su cliente natural sigue siendo el profesional.

Carpinteros, ebanistas, fabricantes de mobiliario, empresas de reformas e industrias constituyen el núcleo principal de su actividad. El particular también puede acudir a sus instalaciones y adquirir cualquier producto, pero la compañía evita entrar en un terreno que pueda perjudicar a quienes llevan décadas confiando en ella.

Para Jorge Rodríguez esa decisión ha sido una de las claves del éxito. Hipermadera no pretende convertirse en una empresa que instala cocinas, monta puertas o ejecuta reformas completas. Su papel consiste en proporcionar al profesional los materiales, el mecanizado y el asesoramiento necesarios para que sea él quien desarrolle el proyecto. Es una relación basada en la confianza y en el respeto mutuo que, según explica, ha permitido construir vínculos comerciales mucho más sólidos que los que suelen establecerse únicamente a través del precio.

La diferencia resulta especialmente evidente cuando compara este modelo con el de las grandes superficies de bricolaje. Estas no solo venden el producto, sino que también ofrecen el servicio de instalación, entrando directamente en competencia con los profesionales que tradicionalmente formaban parte de su clientela.

Hipermadera ha preferido mantenerse al margen de esa dinámica. Considera que invadir el espacio de sus propios clientes supondría romper una relación construida durante décadas y perder una de las principales señas de identidad de la empresa.

Mucho más que un almacén de madera

Reducir la actividad de Hipermadera a la venta de tableros o madera sería simplificar enormemente la realidad de una empresa cuya actividad ha evolucionado hacia un concepto mucho más amplio. Hoy el cliente ya no busca únicamente comprar un material; necesita encontrar una solución adaptada a su proyecto.

Ese cambio de mentalidad ha obligado a la empresa a ampliar continuamente sus capacidades. Las inversiones realizadas en maquinaria durante los últimos años no responden únicamente al deseo de incrementar la producción, sino a la necesidad de ofrecer nuevos servicios que aporten un valor añadido a profesionales e industrias.

El mecanizado, el corte de precisión, el canteado o la fabricación personalizada forman ya parte del trabajo cotidiano de una empresa que ha entendido que el futuro pasa por acompañar al cliente durante todo el proceso, desde la elección del material hasta la preparación final de cada pieza.

Pero quizá el aspecto que mejor resume la filosofía de Hipermadera sea el asesoramiento. Jorge Rodríguez reconoce que una parte importante del tiempo de trabajo se dedica a elaborar presupuestos, estudiar proyectos o ayudar a encontrar la mejor solución técnica sin que exista ninguna garantía de que esa labor vaya a traducirse finalmente en una venta.

Es una forma de trabajar poco habitual en un mercado donde la rentabilidad inmediata suele marcar cada decisión, pero que para Hipermadera constituye una inversión a largo plazo.

Su convencimiento es sencillo: cuando un cliente recibe un buen asesoramiento, termina regresando. No porque haya encontrado el precio más bajo, sino porque sabe que detrás existe un equipo dispuesto a resolver sus problemas.

Esa filosofía también explica pequeños gestos que, vistos desde fuera, podrían parecer poco relevantes, pero que terminan marcando la diferencia. Realizar una entrega urgente aunque el pedido sea reducido, dedicar tiempo a resolver una consulta técnica o adaptar un servicio a las necesidades concretas de un profesional son decisiones que difícilmente aparecen reflejadas en una cuenta de resultados, pero que contribuyen a construir una reputación sólida.

Una empresa familiar que ha sabido profesionalizarse

Mantener el carácter familiar de una empresa durante más de medio siglo no resulta sencillo. Con el paso de las generaciones aparecen nuevos retos, cambian las responsabilidades y la propia estructura de la organización obliga a profesionalizar muchos procesos que en sus comienzos se resolvían de una forma mucho más intuitiva.

En Hipermadera esa transición se ha producido de forma natural. Actualmente, Jorge Rodríguez dirige la compañía como CEO mientras que su hermana Silvia se responsabiliza del área de crédito y riesgos. A ellos se suman otros miembros de la familia que continúan vinculados al proyecto, aunque el crecimiento de la empresa ha hecho imprescindible rodearse de otros profesionales especializados capaces de asumir responsabilidades estratégicas.

Esa profesionalización no ha supuesto, sin embargo, perder el ambiente cercano que siempre ha caracterizado a Hipermadera. Muy al contrario. Jorge Rodríguez habla constantemente del equipo como una prolongación de la propia familia y pone en valor la estabilidad de una plantilla que, en muchos casos, lleva acompañando a la empresa buena parte de su trayectoria.

Innovar para seguir siendo útiles

Si hay una idea que aparece de manera recurrente en nuestra conversación con Jorge, es que la innovación no puede entenderse únicamente como la adquisición de nueva tecnología. La maquinaria resulta imprescindible, pero solo tiene sentido si permite resolver necesidades que antes no podían atenderse. Esa filosofía ha guiado buena parte de las inversiones realizadas por Hipermadera durante los últimos años.

La empresa llevaba tiempo analizando la incorporación de nueva maquinaria de última generación, una decisión que, sin embargo, tuvo que esperar. Durante los años más complicados para el sector de la construcción, la prioridad no era crecer, sino garantizar la estabilidad del negocio y conservar el empleo. Rodríguez recuerda aquella etapa como un auténtico ejercicio de resistencia. Antes de la pandemia, el sector atravesó años especialmente difíciles en los que mantener la actividad ya suponía un éxito. La fuerte competencia, la reducción del volumen de obra y la presión sobre los márgenes obligaban a gestionar con enorme cautela. En ese contexto, hablar de grandes proyectos de expansión resultaba prácticamente imposible.

Paradójicamente, el punto de inflexión llegó con la pandemia. Mientras buena parte de la economía se paralizaba, el confinamiento cambió la forma en la que muchas personas entendían su vivienda. Pasar tanto tiempo en casa hizo que miles de familias comenzaran a plantearse reformas, mejoras y nuevos proyectos de interiorismo que hasta entonces habían ido posponiendo.

La mejora de la situación económica permitió recuperar proyectos que llevaban años esperando el momento adecuado. Entre ellos destaca la incorporación de nueva maquinaria, una inversión que Jorge Rodríguez califica como una de las más importantes realizadas por la empresa en toda su trayectoria. A ella se sumaron nuevas estanterías, espacios de exposición, áreas de recepción de mercancías y una reorganización de las instalaciones pensada para mejorar tanto la productividad como la experiencia del cliente.

Pero quizá el proyecto que mejor refleja hacia dónde quiere avanzar Hipermadera sea el desarrollo de un sistema de fabricación de mobiliario completamente personalizado. La empresa no pretende competir con los grandes fabricantes de mobiliario, sino cubrir un espacio que estos difícilmente pueden atender. Y es que la personalización, constituye uno de los grandes retos del sector y, al mismo tiempo, una enorme oportunidad para aquellas empresas capaces de combinar tecnología, flexibilidad y conocimiento técnico.

La construcción como indicador de la economía

El sector de la madera mantiene una estrecha relación con la evolución de la construcción y, por ello, Jorge Rodríguez observa con atención todo lo que ocurre en este ámbito. Su diagnóstico es moderadamente optimista. Considera que existe una demanda suficiente para mantener un ritmo de crecimiento sostenido, impulsada tanto por la obra nueva como por el mercado de la rehabilitación y la reforma, que continúa mostrando un notable dinamismo desde la pandemia.

No obstante, también identifica importantes obstáculos que podrían limitar ese desarrollo en los próximos años. Entre ellos destaca la escasa disponibilidad de suelo para nuevas promociones y, sobre todo, las dificultades administrativas relacionadas con los suministros energéticos.

Según explica, la capacidad de acceso a determinados servicios, especialmente el suministro eléctrico, se ha convertido en un factor que condiciona la puesta en marcha de nuevos proyectos industriales y residenciales. Son limitaciones que, en su opinión, frenan inversiones que podrían desarrollarse con mayor rapidez si existiera una planificación más ágil.

Pese a ello, Rodríguez cree que el sector ha aprendido importantes lecciones de la burbuja inmobiliaria de principios de siglo y no contempla un escenario de crecimiento descontrolado como el vivido entonces. Prefiere hablar de una evolución mucho más estable, apoyada en una demanda real y en una mayor prudencia por parte de empresas y promotores.

La sostenibilidad como una responsabilidad compartida

En un sector estrechamente ligado a los recursos naturales, la sostenibilidad ocupa un lugar cada vez más relevante. Desde Hipermadera reconocen que buena parte de las obligaciones medioambientales recaen sobre los fabricantes, responsables de la producción y certificación de los materiales, pero eso no impide que ellos hayan incorporado numerosas medidas para reducir su impacto ambiental y mejorar las condiciones de trabajo de su equipo.

Además, la empresa presta especial atención a la seguridad laboral, adoptando protocolos específicos para evitar que determinadas partículas derivadas del tratamiento de la madera puedan trasladarse fuera del entorno de trabajo.

A ello se suma el cumplimiento de todas las exigencias normativas relacionadas con certificaciones forestales, gestión de envases, utilización de materiales y trazabilidad de los productos. Más que una obligación legal, entienden estas medidas como parte de la responsabilidad que una empresa debe asumir con el entorno y con las personas que forman parte de ella.

Mirar al futuro sin olvidar de dónde se viene

Después de quince años ocupando la dirección de Hipermadera, reconoce que mantener viva una empresa familiar exige algo más que buenos resultados económicos. Hace falta ilusión, compromiso y la capacidad de asumir nuevas responsabilidades.

Su deseo es que las nuevas generaciones encuentren esa misma motivación que impulsó a su padre a levantar el negocio y que permitió a los hermanos continuar desarrollándolo durante las décadas siguientes.

No sabe si ocurrirá. Tampoco pretende imponer ese camino a quienes vienen detrás. Pero sí espera que la empresa siga evolucionando con la misma filosofía que la ha acompañado desde sus orígenes: crecer de forma sostenible, cuidar a las personas y mantener una relación de confianza con clientes, proveedores y trabajadores.

Porque, después de más de cincuenta años de historia, están convencidos de que la verdadera fortaleza de Hipermadera no reside únicamente en sus instalaciones, en su maquinaria o en su capacidad técnica. El auténtico patrimonio de la empresa es la confianza construida durante décadas, una confianza que se gana proyecto a proyecto, cliente a cliente y generación tras generación.

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