¿Buena suerte o buen hacer?
A menudo hablamos del concepto “buena suerte” y lo asociamos al éxito en las empresas. Sin embargo, cuando al ámbito empresarial, es importante destacar que lo que muchas veces se denomina “buena suerte” es consecuencia de la preparación, la perseverancia y la capacidad de tomar decisiones inteligentes. En otras palabras, el éxito de las empresas no depende exclusivamente del azar, sino sobre todo de la capacidad de adaptarse, aprender y detectar oportunidades de manera proactiva
En contra posición, un infortunio puede ser visto como “mala suerte” cuando habitualmente se puede tratar de una serie de desaciertos o decisiones desafortunadas que desencadenan en consecuencias negativas y que podrían haber sido evitadas si se hubiera tenido un enfoque diferente. Por ejemplo, un error en la estrategia de marketing o la falta de investigación de mercado podría ser interpretado como «mala suerte», pero en realidad, es una falta de preparación o una mala decisión que podría haberse previsto.
¿Les suena la frase «mientras más trabajo más suerte tengo»? Estoy convencido que no solo lo han oído, sino que muchos lo están experimentando. Viene a sugerir que, a mejor hacer, mayores serán las posibilidades de alcanzar el éxito o lograr los resultados deseados. En este sentido, es fácil caer en la tentación de pensar que las empresas que logran destacarse lo hacen por algún golpe de suerte que las coloca en una posición privilegiada. Sin embargo, cuando profundizamos en las historias de estas empresas, descubrimos que su éxito es el resultado de años de esfuerzo y toma de decisiones inteligentes, algo que muchas veces no se ve desde fuera. Esta «buena suerte» que se percibe, en realidad, es consecuencia de una cultura empresarial sólida, basada en el trabajo constante y la capacidad de adaptarse a los cambios del mercado.
Finalmente, es importante resaltar que la suerte también se construye a largo plazo a través de la reputación que una pyme va construyendo con el tiempo. Empresas que se esfuerzan por ofrecer productos de calidad, por brindar un excelente servicio al cliente y por mantener una gestión transparente y ética social, generan una confianza que les permite acceder a nuevas oportunidades. Esta reputación, forjada a lo largo de los años, se convierte en una suerte que, aunque puede parecer fortuita, es la consecuencia de un trabajo constante y un buen hacer.
Desde este punto de vista, la “buena suerte” no es más que una interpretación acertada o no de las circunstancias a las que nos enfrentamos. Aquellos que creen que la suerte está a su favor lo achacan con gran acierto en lo que han logrado gracias a sus aciertos, habilidades o preparación. Por el contrario, quienes sienten que no tienen “buena suerte” pueden estar interpretando erróneamente los fracasos como algo externo y fuera de su control, cuando en realidad mayoritariamente son factores internos.