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¡UN POQUITO DE SERIEDAD, POR FAVOR»

¡UN POQUITO DE SERIEDAD, POR FAVOR»

Seamos serios, sé que finjo que mantenemos un diálogo usted y yo, pero la verdad es que es un monólogo en el que usted asiente o niega o piensa qué hace perdiendo los minutos de su vida que tarda en leer esto cuando una cerveza bien fría le está esperando en su nevera.
Ahora, también le digo, lo que hoy le quiero contar puede que llene los momentos semivacíos que utilizará en tomarse esa cerveza o en alguna actividad de la que, si no le importa, no es necesario que dé detalles.
En el anterior artículo (en mi cabeza resuena el consabido “…en capítulos anteriores” y maldigo a aquel que dijo una imagen vale más que mil palabras, aunque en este caso es un sonido) les amenacé con traerles cositas de internet (se vienen cositas, como dicen los modernos. Imagíneme usted con las manos haciendo la forma de un corazón, si es que eso es posible y de buen gusto, no me obligue usted a dudar de ello ahora). Una amenaza es una amenaza y no surtirá efecto si una no la cumple, como cuando castigas a tu hijo sin dibujos en la tele y se los pones para poder salir a la compra.
Le cuento. Hay en Twitter, el reino de los insultos menos sutiles de la humanidad, algún pequeño tesoro escondido, de manera que he decidido que, ya que tenemos dos compañeros entusiasmados por las historias de la Historia y del Arte, voy a seleccionar alguno de los tejedores (llaman “hilos” a esas cadenas de mensajes de las que sacas un bonito aprendizaje para jugar al Trivial o dejar con la boca abierta a tus colegas en una excursión, en estos casos, claro está) más virtuosos del medio.
Miren qué nombres más majos tienen: Itineratur, El Barroquista, Niké de Samotracia, Batallitas, Fauvista Daltónico, Ter… Esta es una de las primeras condiciones para ser alguien en este nuevo mundo. Al contrario de lo que muchos creen, estos chicos, chicas y mediopensionistas, políticamente incorrectamente descritos, no son unos muchachos que les dan a las teclitas y saben mucho de informática, porque mi muchacho, usted ya sabe, es un genio de las maquinitas… que también. Estos nombres bien buscados, pensados con tiempo, definitorios de personalidades, son grandes conocedores de los campos de los que hablan, en esta ocasión solo nos hemos ceñido al arte y la historia. Tienen doctorados, son viajados, dominan el lenguaje y la comunicación y se dedican magníficamente a hacer un trabajo de divulgación sobre aquello que conocen tan a fondo o investigan para publicar.
Les avalan sus datos. Detrás, por ejemplo, de @elbarroquista se esconde el nombre de Miguel Ángel Cajigal Vera, historiador del arte, profesor y divulgador de origen gallego a quien no conozco en persona, pero que estoy por apostar, le preguntaron muchas veces ¿para qué sirve eso que estudias, esas cosas del arte y de la historia? Además de su cuenta de Twitter, publica contenido en su canal de Youtube, escribe para la revista cultural Jotdown, ha publicado su libro Otra historia del arte y colabora en medios tradicionales de comunicación de radio y televisión. Es evidente (o no, cualquiera sabe) que sus números en YouTube no son los mismos que los de Ibai Llanos, pero su trabajo de divulgación sobre el arte, un trabajo que no depende nada más que de un esfuerzo personal de dominio de los nuevos medios de comunicación social es de una gran altura. Ojalá con estos nombres empecemos a dejar de hacer circular esos memes que amenazan con un futuro desastroso que queda en manos de los jóvenes que hacen este trabajo, sobre todo porque esta amenaza no tiene visos de cumplirse a no ser que la entendamos justo al revés.

Textos: Raquel Torres Lumbreras (IES Gabriel Alonso de Herrera)
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